Su padre, gran aficionado a la música, aprovechó la vocación y condiciones del pequeño, al que inició en el estudio del solfeo, pudiendo observar que no dio jamás muestras de cansancio. Sus juegos favoritos eran todos los que tenían relación con este arte. Decían sus padres que en cualquier momento lo veían encaramarse en una silla, y desde allí dirigir una supuesta o banda.   

De sus primeras inclinaciones hacia el arte es el mismo Rodríguez Albert quien nos documenta a través de la prensa: “Nací en Alicante 6 de febrero de 1902; precisamente día y mes en que, por rara coincidencia, nació también mi padre. Este, aunque sentía aficiones artísticas, tenía la profesión de químico. Mi infancia transcurrió en el luminoso ambiente de la bella ciudad mediterránea.

Mis primeras inclinaciones artísticas iban dirigidas en aquel entonces hacia el dibujo y la pintura, todavía conservo obritas mías, bocetos y apuntes infantiles, que algunas personas que los han examinado me han dicho que no están mal; pero a los siete años perdí la vista y hube de renunciar, naturalmente, a la esperanza de llegar a ser un Velázquez.”

Las dificultades visuales no tardaron en aparecer, ya que a los pocos meses de nacer perdió la visión del ojo izquierdo, por lo que sus padres pusieron todos los medios posibles en aquella época, visitando a los más afamados oftalmólogos.
                                                                              
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