| |
Los especialistas, que no supieron dar un diagnóstico claro,
se mostraron muy pesimistas sobre la evolución de la enfermedad,
sometiendo a Rafael en ciertas ocasiones a pruebas muy dolorosas,
sin resultado positivo alguno. Una mañana que entraba la
luz por la ventana de su habitación, Rafael, al despertarse,
llamó a su madre para que abriera los postigos; ella, al
llegar, respondió conteniendo los sollozos:
-“ Ya están...”
Desde aquel momento, comprendieron que nunca podría ver.
El proceso de disminución visual fue así, progresivo
y largo, abarcando la etapa de su primera infancia entre los cinco
y ocho años. A pesar de estas dificultades, Rafael no quiso
en ningún momento abandonar el colegio.
Cursó las primeras letras y el solfeo en el Colegio de Ciegos
de Alicante. Fue un alumno muy aplicado, pues a los doce años
daba él mismo clases a los más pequeños.
Al poco tiempo, a causa del trabajo de su padre, la familia tuvo
que trasladarse a Socuéllamos, donde el niño comenzó
a desarrollar su afición por La Música, frecuentando
los ensayos de la Banda, al tiempo que realizaba sus estudios musicales.
volver |
|